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Electromovilidad tras la pandemia en Perú: hablan Engie, Enel X, BYD, Shell y la ATU

Electromovilidad tras la pandemia en Perú: hablan Engie, Enel X, BYD, Shell y la ATU

04/06/2020


La electromovilidad avanza en Sudamérica, pero en el Perú. No al menos al ritmo que esperarían quienes están muy enterados de la transición mundial entre una fuente de energía y otra, y quienes participaron en esta conferencia virtual “La electromovilidad en la nueva normalidad post COVID-19”, organizada por Electrotransporte y moderada por Javier Peón, presidente de AEDIVE. El transporte eléctrico tiene más de política pública que de emprendimiento particular. Los grandes cambios en el transporte urbano que notamos en Chile, con más de 400 buses eléctricos en su sistema de transporte público, y Colombia, que pronto estará a la par, son antes una decisión gubernamental.


La electromovilidad, su desarrollo, necesita un ecosistema idóneo, una tierra fértil. Daniel Cámac, deputy country manager de Engie en el Perú, sostiene que el avance de la movilidad eléctrica, como sistema, es consecuencia de “una serie de incentivos” de estado. En diversos países y ciudades de Europa se premia a quienes optan por lo eléctrico y se castiga a quienes no. Un “premio”, por ejemplo, es no pagar ciertos peajes, no asumir ciertos impuestos. Un “castigo”, no gozar de las ventajas de los dueños de coches eléctricos.


Engie es la transnacional francesa que mostró que la electromovilidad en Lima es posible. Junto con BYD, mucho antes del COVID-19, pusieron un programa piloto en marcha en la capital peruana para evidenciar que los equipos eléctricos no emiten gases de efecto invernadero, no producen ruido y cubren distancias largas como cualquier otro vehículo.


La experiencia luego fue replicada en una minera, a miles de metros por encima del nivel del mar, y posteriormente en una cementera, y es en estas industrias, cree Cámac, que podría darse más rápido el salto hacia una economía de carbono neutral si el “ecosistema” es el óptimo: contratos a largo plazo, de más de una década, incentivos tributarios y todo aquello que aliente a las empresas innovadoras a hacer grandes apuestas sabiendo de antemano que no podrían ganar mucho en el corto plazo, pero tampoco perder mucho. “Se requiere de un modelo que permita los ingresos garantizados”, dijo.


Para la presidenta de la Autoridad de Transporte Urbano (ATU), María Jara, en tiempos de COVID-19, se ha hecho tangible el impacto del sector transporte, basada en el diésel. El aire de Lima es uno de los más contaminados en Latinoamérica, precisamente por la antigüedad de su parque automotor, en el que prevalece el transporte privado sobre el público. Sin embargo, en un contexto como este, cree Jara, podría “acelerarse la agenda de la electromovilidad” en el país.


Un peruano pierde 12 años de su vida utilizando el transporte urbano, moviéndose de un punto a otro, al menos antes de la aparición del coronavirus. Comparado con los sistemas de transporte público en otros países cercanos. Una empresa que ha actuado como un “driver” de la electromovilidad en Sudamérica, junto con Engie y BYD, es Enel X, compañía que lleva instalados 70 cargadores para autos eléctricos en el país y espera alcanzar los 87.000 muy prontamente en todo el planeta. “El único actor que puede ayudarnos a converger y a encontrar un punto de unión es el gobierno”, refirió Alejandro Barragán, gerente general de Enel X para el Perú. “La tecnología existe y también la crisis, es el momento perfecto para innovar”.


Lima es la tercera ciudad más contaminada de América Latina, las enfermedades respiratorias en la capital son comunes y en gran medida son gatilladas por el aire tóxico que respiramos. Y a estos males no adicionamos el ruido, otro tipo de contaminación ambiental para la que no hay protestas. Sin embargo, “¿por qué no despega la electromovilidad en el Perú’”, se preguntó el gerente comercial de BYD en el país. La tecnología no es vieja pero tampoco nueva: lleva más de una década en China, y avanza a buen ritmo en países vecinos. Incluso Ecuador tiene un plan: electromovilidad en las islas Galápagos. “Hay proyectos de electromovilidad en el Perú, pero no hay garantías para los contratos; necesitamos contratos a largo plazo”, contestó. “Contratos con garantías soberanas”.


Muchas petroleras tienen planes para pasarse al bando de las productoras de energía eléctrica. Una de ellas es la Shell, que en el Perú estrenó, en una estación de servicios de Primax, el primer cargador para autos eléctricos de Lima. Quien acuda podrá cargar en 20 minutos hasta en un 80% la batería del auto. Rafael Segovia, gerente comercial de Shell Perú, añade otro detalle a la ecuación de por qué no despega la electromovilidad en el país: simplemente porque no hay infraestructura y menos aún se la fomenta. “Sin la infraestructura de recarga, sin abundancia y garantía de seguridad, no hay cambio”, dijo. Segovia no niega que la electromovilidad ganará terreno con el paso de los años pero el avance en el Perú, graficó, es prácticamente lento.


Por el COVID-19, la calidad del aire ha mejorado en muchas ciudades latinoamericanas: el aislamiento social ha obligado a dejar el auto en la cochera. No obstante, este avance en materia ambiental es temporal y circunstancial. Para Jara, la política de transporte urbano debe poner a las personas en el centro y a la sostenibilidad en la periferia. La pandemia, sostuvo, crea “nuevos patrones de transporte urbano” aún no definidos del todo.


El diagnóstico es conocido y en palabras de la presidenta de Autoridad de Transporte Urbano, el sistema de transporte en el Perú es “informal, desarticulado y lo agudiza la crisis económica”, y el desafío es transformarlo en todo lo contrario cuanto antes y como un todo.


Mientras que para algunos el mundo está en transición, para otros la descripción es errónea. “El mundo ya cambió, y tenemos que tomar medidas que aceleren esta transición”, afirmó José Luis Torres, gerente comercial de la empresa BYD, la principal fabricante de vehículos eléctricos en China y probablemente en el mundo. Para José Luis Torres, el razonamiento es lógico: si se anhela una ciudad sostenible, entonces la única opción coherente es un transporte sustentable, que a su vez conlleva a los coches eléctricos, al menos hasta que aparezca otra tecnología que le dé batalla a este caballo de lo verde y saludable.



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